Jugar de grande ( a ser niña otra vez)

En estos días de controversia Therian y el grave problema de confundir juego e “identidades”, andaba pensando justamente en el juego y la importancia de lo lúdico en los adultos. ¿A qué juego hoy?

He recordado consas que aprendí en el pregrado – de el psicoanalista Erik Erikson por ejemplo – que señalaba que el juego es el trabajo del niño y que allí desarrolla habilidades para subsistir en el mundo, como los leones cuando “juegan a la pelea” de cachorros; pero en verdad están ensayando luchar para cazar y defender a la manada. Desarrollando garra para sobrevivir.

En un mundo de subsistencia codo a codo como el de los leones tiene sentido este “juego ensayo”; pero nadie pondrá en duda que para sobrevivir en un mundo lleno de reglas sociales y de crecientes demandas de adaptación como el desarrollo de tecnologías, amenazas ecológicas y desafíos relacionales, el juego debe prestar necesariamente otros niveles de “ensayo de realidad” a nuestro desarrollo, a nuestro yo. Podemos ser otra cosa, hacer cosas que no solemos hacer, imaginar escenarios fuera de las posibilidades de la realidad.

 ¿dejamos de jugar alguna vez? ¿Qué significa dejar de hacerlo? ¿Qué necesitamos para jugar?

Con relación a la última pregunta, lo primero que se me viene es que necesitamos de otro; aunque también aprendí en el pregrado que los niños no necesitan de otros para jugar inicialmente, lo cierto es que aproximadamente desde los tres años en adelante surge el juego social y el “otro”, ya sea concreto o inventado es una necesidad para desplegar el juego. jugar con otro es entonces un nivel más avanzado de evolución individual.

«Otro concreto o simbolizado». Necesitamos de alguien con quien dialogamos y nos inventamos algo para entretenernos. Lo interesante es que eso que nos inventamos probablemente provenga de un lugar más profundo e íntimo, porque jugar es precisamente una distinción de la realidad o una abstracción de la realidad teñida de las propias fantasías y ganas. El juego permite ensayar la realidad pero también escabullirse de la misma, permite emerger aspectos aún no desarrollados, potenciales y fantasías; así como también simbolizar conflictos y aspectos que el yo no acepta de sí mismo. Permite probar sin límites y así mismo encontrar respuestas a desafíos que la realidad nos propone. Querer jugar entonces es querer sostener un laboratorio interno de investigación constante. Así lo veo ahora.

Pensando en esto punto hice mi propio y me di cuenta que lo que más hice con el juego en mi niñez fue «ensayar la vida adulta» e integrar roles o cosas que se esperaban de mí. Puedo ver que en eso estuvo puesta mi creatividad y mi ingenio desde muy pequeña, porque en la infancia también se juega a la “identidad”, aparecen aquellas cosas de los grandes que se van fusionando con cada uno de nosotros y que luego se sienten tan propias que nos olvidamos de que muchas de ellas nunca nos pertenecieron. Jugamos a roles: papá, mamá, profesor, doctora y detrás de casa uno de ellos surge una afinidad o no con las formas en que nos han educado.  Estamos “imitando” pero al mismo tiempo se va consolidando una forma de estar en el mundo y de relacionarse con él.

La incorporación de un «otro» fue muy significativa, porque crecí siendo la única niña de una familia por largo rato. Eso implicó muchísimas horas de conversaciones con “otro” inexistente que tomaba el té, recibía mis lecciones de profesora o me compraba en un almacén) en que las papas eran piedras y las lechugas las hojas de las plantas (otro tema que abordaré aquí también, jugué al trabajo adulto, armé un kidzania para mí sola). Esos otros en mi caso fueron vecinos, que se convirtieron en grandes compañías para expandir la fantasía y extremar los inventos al punto de querer hacer un hoyo para llegar al otro lado del planeta, a China puntualmente. No sé que íbamos a hacer cuando llegáramos ahí, el juego era el objetivo en si mismo.

Otra cosa muy necesaria para jugar es la confianza/intimidad. ¿recuerdan que nos pasaba cuando en medio de una inspirada performance de juego descubríamos a un adulto mirando? Se caía el velo y aparecía la realidad en un segundo y no necesariamente por estar haciendo cosas incorrectas; sino más bien porque esta posibilidad de desplegar la fantasía no era para todos, sino para quien pudiera participar y crear en complicidad. Es algo íntimo y la falta de ese espacio personal atenta contra el despliegue de la creatividad.

a qué juego ahora?

Me doy cuenta hoy de que me parezco mucho a esa adulta que me inventé en los juegos de niña. Dirán “¡qué buena cosa!” y creo que no lo es tanto, porque la función adaptativa – ensayar roles y adquirir destrezas- se comió a la fantasía, lo potencial, lo único. me tomé muy enserio jugar a ser grande y dejé de lado la parte mas seria del juego: hacerlo porque sí, porque despliega parte de mi ser.

Ayer tuve visitas en la casa y disfruté mucho preparando las cosas para recibirlos. Al terminar la tarde recordé mis días de casita de muñeca. Me vi haciendo exactamente lo que hacía con ollas diminutas y pasteles de barro; pero en la vida real. Pensé que llevo demasiado tiempo ensayando esta mujer que aprendí a ensayar en mis juegos y que siento la necesidad de jugar a otras cosas, permitir que aparezcan y se desarrollen todos esos destellos de creatividad, alegría, miedos y símbolos que no alcanzo a atender porque no tengo tiempo en mi vida adulta. Ahora quiero jugar a ser niña, a descubrir las cosas por mí misma y no imitar como me las han mostrado. quiero mirar ahí dentro y permitir que salgan cosas. me asusta, pero me gusta.

Y tal como era esperable estas ganas no me han venido sola, tengo una «compañera de juegos» una vecina al otro lado del cerro con la que me invento mil posibilidades, a quien he querido invitar a acompañarme en esta expedición a reencontrar el juego. Y ahí partió algo rico, estimulante, como cuando subía por la pandereta a llamar a mi vecina para empezar a jugar. hay expectativas, deseos y ganas, sobretodo ganas. Tengo la suerte de tenerla como compañera de juegos. Con la mayoría de las amigas de la vida adulta nos hemos acompañado en las penas y en las alegrías, lo cual agradezco infinitamente, nos hemos dedicado más a lo “serio” que a lo “lúdico”. Entonces invité a mi amiga a este experimento y me dijo que sí altiro (mérito de ella que es bien reacia a los “no” cuando se trata de pasarla bien) y aunque estamos partiendo se siente la delicia de la complicidad, de la ocurrencia, de la inventiva SIN OTRO OBJETIVO disfrutar juntas.

Eso se me había olvidado, hacer por hacer. Buscar el espacio para jugar, dejarme minutos del día para fantasear, crear y divagar, sentir que ese influjo de ideas para jugar es inacabable, como las horas cavando para llegar a China, está siendo un motor más para la vida. Ponerle llave a la puerta para que nadie interrumpa el rito y no se caiga la atmósfera en que entro a lo numinoso y desconocido. el centro de mi laberinto de la mano de mi amiga y guiada por el hilo de jugar e inventar lo que sea: cuentos, escenarios, disfraces, bailes. sintiendo que hay una combinatoria infinita de elementos que desarrollar y que me mantienen muy viva.

Es de las cosas más serias jugar para Vivir y para Amar.

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